Lázaro y el regalo de tres monedas (cuento de Navidad para leer en familia)

*Cuento para leer en voz alta · 5 minutos · a partir de 4 años*
En una calle estrecha y empedrada de un pueblo antiguo, entre la panadería y la tienda de lanas, hay una tiendecita con el escaparate lleno de cosas de Navidad: bolas de cristal, figuritas de belén, estrellas de papel y campanillas que suenan cuando se abre la puerta.
Detrás del mostrador está siempre Lázaro, el tendero de toda la vida. Es alto y delgado, tiene las cejas muy pobladas y lleva un abrigo largo de color burdeos que, según dice él, es más viejo que la propia calle.
—Y la calle es del siglo dieciséis —añade siempre, muy serio.
Tres monedas
El 23 de diciembre, a última hora de la tarde, sonaron las campanillas. Entró Alex, con la bufanda hasta la nariz y el puño muy apretado.
—Buenas tardes —dijo Lázaro—. Si vienes a por el turrón, te has equivocado de tienda. Aquí solo vendemos cosas que no se comen. Por desgracia.
—Vengo a comprar un regalo para mi abuela —dijo Alex, y abrió la mano sobre el mostrador.
Había tres monedas. Pequeñitas.
Lázaro las miró por encima de sus gafas durante un buen rato. Luego se acarició la barbilla.
—Ajá. Tres monedas. Un presupuesto ajustado, pero digno. Veamos.
Alex señaló una bola de cristal con un pueblo nevado dentro.
—Esa cuesta treinta monedas —dijo Lázaro—. Te faltan veintisiete. Más o menos.
Alex señaló un ángel dorado.
—Ese cuesta cincuenta. Y además tiene cara de antipático, entre tú y yo.
Alex se rió un poquito, pero luego bajó la cabeza.
—Es que mi abuela se merece algo muy bonito.
Lo que le gusta a la abuela
Lázaro salió de detrás del mostrador, acercó dos taburetes a la estufa y se sentó.
—Cuéntame. ¿Qué le gusta a tu abuela?
Alex lo pensó.
—Le gusta contar historias de cuando era pequeña. Le gusta hacer chocolate los domingos. Y canta un villancico muy antiguo que nadie más se sabe. Ah, y siempre dice que la casa está muy tranquila desde que yo voy al cole por las tardes.
—Vaya —dijo Lázaro—. ¿Y sabes lo que eso quiere decir?
—¿Qué?
—Que tu abuela ya tiene muchas cosas. Lo que le falta es tiempo contigo.
Alex abrió mucho los ojos.
—Pero el tiempo no se puede envolver.
—Eso dice todo el mundo —contestó Lázaro, levantándose—. Y todo el mundo se equivoca. Espera aquí.
El regalo
Desapareció en la trastienda y volvió con unas hojas de papel grueso, unos lápices de colores, un trozo de cinta roja y una piña pequeña del monte.
—Vamos a hacer un librito de vales —explicó—. En cada hoja escribes una cosa que haréis juntos. Y la abuela podrá canjearlos cuando quiera. Como un billete, pero mejor.
Alex se puso a escribir con la lengua fuera:
*Vale por una tarde de chocolate juntos.*
*Vale por un cuento de cuando eras pequeña (y yo no me duermo).*
*Vale por aprender tu villancico para cantarlo a la vez.*
*Vale por un paseo hasta la plaza para ver las luces.*
*Vale por un abrazo muy largo. Este se puede usar muchas veces.*
En la portada dibujó a la abuela con su delantal y una taza humeante. Lázaro hizo dos agujeritos con un punzón, pasó la cinta roja y ató la piña en el lazo.
—Ya está. Una obra de arte.
—¿Cuánto es? —preguntó Alex, empujando las tres monedas.
Lázaro cogió una sola.
—Una moneda, por la cinta. La piña es gratis, que la cogí yo del monte y no me costó nada, salvo un resbalón. Las otras dos guárdalas, que para algo eres cliente.
La noche siguiente, en Nochebuena, cuando la abuela abrió el librito, se quedó callada un buen rato. Luego se puso las gafas, se las quitó, se las volvió a poner y leyó todos los vales dos veces.
—¿Puedo usar el del villancico ahora mismo? —preguntó.
Y allí mismo, junto al belén, la abuela le enseñó a Alex la canción antigua, palabra por palabra, mientras toda la familia escuchaba.
Dicen que, al pasar por delante de la tiendecita aquella noche, Lázaro oyó cantar desde una ventana cercana. Se ajustó el abrigo burdeos, sonrió muy poquito, que es como sonríe él, y murmuró:
—Tres monedas. Y le han sobrado dos.
Para hablar después del cuento
- ¿Por qué Lázaro dice que el tiempo sí se puede envolver?
- Si hicieras un librito de vales, ¿a quién se lo regalarías? ¿Qué pondrías?
- ¿Qué cosa te gusta hacer con tus abuelos o con alguien mayor de la familia?
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